Mostrando entradas con la etiqueta republicanismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta republicanismo. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de febrero de 2016

El camino hacia la Segunda República. El republicanismo en vísperas de la República

El republicanismo español llegó al año 1930 dividido en distintas formaciones y grupos de opinión. Pero, bien es cierto, que, a pesar de esta desunión organizativa sí se habían establecido, en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, una serie de lazos importantes. Esas conexiones serán fundamentales para conseguir movilizar a distintos apoyos sociales en este momento crucial para la causa republicana.
En el año 1926 vemos formarse la Alianza Republicana, punto de conexión entre el republicanismo histórico y el nuevo. En la plataforma política de la Alianza se integraba el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. El Partido se fundó en un acto celebrado el día 6 de enero de 1908 en el Teatro Principal de Santander. Un grupo de republicanos federales de la ciudad había animado a Alejandro Lerroux a que creara una nueva formación política republicana. Lerroux presentó en el acto de fundación el programa político del nuevo partido, aunque era muy vago. Defendió una estructura federal para España, que era necesaria la religión católica pero no las órdenes religiosas y el partido quería representar al pueblo pero no quedaba muy claro que se entendía por tal. La ideología del Partido Republicano Radical se basaba en un encendido discurso anticlerical más demagógico que real, la defensa del republicanismo y un encendido anticatalanismo. Al poco tiempo de la creación del partido, su fundador tuvo que marcharse de España para no tener que ingresar en prisión a causa de un delito de imprenta. Mientras estuvo fuera la formación política fue dirigida por Sol y Ortega, Hermenegildo Giner de los Ríos y Emiliano Iglesias. Lerroux regresó al ser elegido diputado, junto con Sol y con Giner.
A pesar de la ambigüedad del discurso político de Lerroux y de su formación, así como ante los hechos de la Semana Trágica de 1909, el Partido obtuvo la mayoría en el Ayuntamiento de Barcelona en las elecciones de 1910. Pero en ese momento, el Partido Republicano Radical entra en crisis por una conjunción de factores: la corrupción de algunos dirigentes, el auge del catalanismo de izquierdas y del anarcosindicalismo, que le enajenaron gran parte del apoyo popular en Cataluña, donde años atrás Lerroux había sido “el emperador del Paralelo”. De ahí que, Lerroux quisiera extender más el partido por toda España con especial interés en Madrid, Valencia y Aragón. En 1917, Lerroux y el Partido participaron en la Asamblea de Parlamentarios y desde entonces hasta la Dictadura de Primo de Rivera, los radicales pretendieron aglutinar la oposición republicana española pero con un éxito muy escaso o relativo. Al terminar la Dictadura de Primo de Rivera, el Partido resucitó pero más escorado hacia la posturas conservadoras. En el transcurso del tiempo el discurso demagógico, anticlerical y populista se desterró, encontrando su base social en cierta burguesía media industrial y comerciante.
En la Alianza estaba, también, integrado el Partido Republicano Federal, representante del republicanismo histórico, pero que tenía escaso peso político y terminó por abandonar la Alianza.
El ala izquierda de la Alianza estaba representada por el Grupo de Acción Republicana. No se trataba de un partido estructurado sino de una especie de punto de encuentro entre diversas tendencias republicanas y que buscaba algún tipo de acuerdo o colaboración con las organizaciones obreras. En el Grupo destacaba, sin lugar a dudas, la figura de Manuel Azaña, destacado intelectual y escritor ya en aquella época. Pero no era la única figura, ya que estaban también José Giral, Enrique Martí Jara, Luis Jiménez de Asúa y Ramón Pérez de Ayala. Otros importantes colaboradores fueron: Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Gregorio Marañón y Vicente Blasco Ibáñez. En este Grupo se integraba, además, una parte fundamental del republicanismo catalán del momento: el Partit Republicà Català de Francesc Layret, Marcelino Domingo y Lluís Companys.
Era evidente que, aunque los republicanos partían de un origen social bastante parecido, es decir de la clase media, pequeña o media burguesía, sus planteamientos ideológicos eran muy diferentes. Pensemos en el anticatalanismo de Lerroux frente al catalanismo de izquierdas del Partit Republicà Català, por ejemplo, o en las posturas conservadoras del primero frente a la defensa de la colaboración con fuerzas políticas y sociales obreras de muchos de los integrantes del Grupo de Acción Republicana. Además, había diferencias en cuanto a la estrategia política a seguir. Un sector pretendía traer la República a través de la acción política buscando la movilización social, frente a otro que fundaba sus esperanzas republicanas en el fomento de actividades conspirativas en conexión con elementos militares.
Toda esta disparidad terminó por estallar y en diciembre de 1929, en plena crisis de la Dictadura de Primo de Rivera, los integrantes más a la izquierda de la Alianza constituyeron una nueva formación política al margen, el Partido Radical Socialista. Sus principales integrantes fueron Marcelino Domingo, Ángel Galarza, Álvaro de Albornoz y Félix Gordón Ordax.
El año 1930 será clave para el republicanismo español. La creación del Partido Radical Socialista motivó a Acción Republicana a convertirse en partido político pero sin abandonar la Alianza. Por otro lado, el abandono de las filas monárquicas de algunos políticos propició la creación de la Derecha Liberal Republicana con Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura como principales figuras políticas. Su ideario defendía una república moderada en lo político, social y, especialmente, en cuestiones religiosas.
El republicanismo catalán terminó por formar su propio sistema político. En el período previo a la proclamación de la Segunda República había cuatro formaciones.
En primer lugar, estaría el ya citado Partit Republicà Català, fundado en 1917 por la fusión del Bloc Republicà Autonomista de Francesc Layret, Marcelino Domingo, G. Alomar, A. Samblancat, R. Noguer con la Joventut Republicana de Lleida de Alfred Perenya y de Humbert Torres. También, se integraron en la nueva formación la mayoría de las entidades de la UFNR, antiguos miembros del Partido Reformista (Lluís Companys, Bernaldo de Quirós) y el núcleo federal ampurdanés de August Pi i Sunyer. El secretario general del Partit sería el abogado Ramon Noguer i Comet. El programa de la formación política recogía el programa federal de Pi i Margall de 1894, el laicismo y un reformismo social de izquierdas. Hasta 1920, el Partit fue muy activo con conexiones con el obrerismo catalán pero manteniendo su ideario catalanista. En 1918, obtuvo representación parlamentaria formando parte de la Coalición de Izquierdas. Sus seis diputados: Domingo, Pi i Sunyer, Salvador Albert, Isidre Riu y Joan Esplugues se destacaron en la discusión del proyecto de autonomía de ese año. El radicalismo del grupo provocará la primera ruptura al final de 1919 cuando Layret y Companys propusieron incorporar al partido a la III Internacional. Esta iniciativa derivó en que destacados militantes se desmarcasen, como Pi i Sunyer y Noguer i Comet. Pero la crisis del partido estuvo más relacionada con la represión que en los años veintes se ejerce en Cataluña: Lluís Companys es deportado a Mahón y Francesc Layret es asesinado a manos de pistoleros. En 1930, Companys conduce el partido hacia el grupo de “L’Opinió”, mientras que Marcelino Domingo opta por integrarse en el Partido Republicano Radical Socialista.
Después, nos encontraríamos con Acció Catalana. Se trataba de un partido político fundado en Barcelona en junio de 1922 como resultado de la convocatoria de la Conferència Nacional Catalana por parte de la Joventut Nacionalista de la Lliga Regionalista. La formación tenía una ideología liberal y nacionalista crítica con el posibilismo de la Lliga. Quería aglutinar al catalanismo no separatista. Como principales dirigentes estarían Jaume Bofill i Mates, Lluís Nicolau d’Olwer, Antoni Rovira i Virgili, Ramon d’Abadal, Manuel Raventós, Carles Jordà y Leandre Cervera. Durante la Dictadura de Primo de Rivera continuó actuando a través de sus órganos de expresión: el diario “La Publicitat” y la revista “Acció Catalana”. En 1928, un sector del partido, encabezado por Rovira i Virgili, Cervera y Macià Mallol se separaron de la formación por la indefinición acerca del republicanismo. Así pues, fundaron Acció Republicana de Catalunya. Al terminar la Dictadura, tanto la Acció Catalana , como la Acció Republicana participaron en el Pacto de San Sebastián. Este hecho favoreció la aproximación de ambas formaciones, terminando por fusionarse en el Partit Catalanista Republicà que, en 1933, pasó a ser Acció Catalana Republicana.
Aún más a la izquierda y defendiendo posturas independentistas se encontraría Estat Català de Francesc Macià. Estat Català se crea el 18 de julio de 1922. Tenía su origen en la Federació Democràtica Nacionalista que el propio Macià había impulsado unos años antes. El objetivo principal de la nueva formación sería la proclamación de la República Catalana. Su órgano de expresión sería “Estat Català”, donde Macià, Domènech Soler, Lluís Marsans, Daniel Cardona, Manuel Pagès y otros comenzaron a divulgar las ideas independentistas republicanas. Macià estaba convencido de la necesidad de colaborar con otras fuerzas políticas republicanas, por lo que intenta la fusión con el Partit Republicà Català en febrero de 1923 pero los miembros más radicales de Estat lo impiden porque consideraban “españolistas” a Marcelino Domingo y a Lluís Companys, los principales dirigentes del Partit Republicà. Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, Macià tiene que exiliarse y se dedica a impulsar la solidaridad internacional con la causa republicana. Estat se integra en el Comitè Revolucionari de París en 1925. Al poco tiempo, Macià y su secretario, Carner i Ribalta, marchan a Moscú (otoño de 1925) para exponer a los miembros del Komintern y a Zinoviev los detalles de la insurrección que llevaría la revolución a Cataluña y a España. El fracaso del Comitè y de las gestiones en la URSS determinarán que Estat se embarque en la invasión fallida de Prats de Mollò en noviembre de 1926. Macià decide proseguir su periplo divulgador del catalanismo por el mundo. Con Ventura i Gassol participan en una asamblea separatista en La Habana en octubre de 1928 y en la fundación del Partit Separatista Revolucionari de Catalunya. En la época de la Dictadura el Estat se desarrollará con una filosofía política más flexible, que facilitará los contactos con los republicanos y anarcosindicalistas. Es un momento en el que Estat Català asimila ideas socialistas provenientes de la USC, como otras relacionadas con la propaganda por el hecho, de signo anarquista. En este sentido, el grupo disidente “Bandera Negra” organizará el complot del Garraf en junio de 1925. Lo que primaba era la destrucción de la Monarquía española, lo que explica estas relaciones, a pesar de ser, realmente, muy distintas entre sí y contradictorias. Se pretendía la revolución, de signo separatista, contra el estado central y que terminaría por estallar en la propia España. Como consecuencia de este evidente posibilismo, Jaume Aiguader participará en la firma del Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930.
En el año 1930, estas formaciones políticas catalanas iniciaron contactos influidos por las expectativas de cambio político y por la colaboración con el republicanismo español estatal. En febrero de 1931, Acció Catalana y Acció Republicana de Catalunya se reunificaron en el Partit Catalanista Republicà. En marzo, Estat formaba con el Partit Catalanista Republicà, el Partit Republicà Català y el semanario nacionalista “L’Opinió”, la Esquerra Republicana de Catalunya. Sus principales dirigentes fueron Macià y Companys.

Eduardo Montagut

lunes, 1 de febrero de 2016

El Autonomista: diario del republicanismo federal

La rica tradición republicana federal de Girona tiene en el periódico “El Autonomista” un capítulo destacado de su historia, ya que, además cubre un largo período de tiempo de tanta trascendencia, pues va desde los inicios de la crisis de la Restauración hasta el final de la Guerra Civil.

El periódico “El Autonomista” nació en Girona en el año 1898 y se publicaría hasta 1939. Se trata de una publicación con un marcado carácter republicano federal. Su fundador y primer director fue DariusRahola, propietario, a su vez, de la imprenta donde se editaba el periódico. Su periodicidad varió con el tiempo: semanario, bisemanario, hasta que en 1920 se convirtió en diario. Escrito en castellano alternaba textos en catalán. En 1933, el diario se catalaniza completamente, pasando a ser “L’Autonomista”. La publicación se aproximará más al ideario de Esquerra Republicana.

Con la entrada de las tropas franquistas en la ciudad el periódico dejó de publicarse y la imprenta fue confiscada. Los herederos reclamaron sus derechos de propiedad al llegar la democracia. En 1985 recuperaron su cabecera.

En este periódico escribió Darius y, muy especialmente, Carles Rahola, que en sus páginas volcó su pasión por saber y difundir valores positivos y promocionar la cultura. También hay que destacar a los siguientes colaboradores: Camps i Arboix, Pere Loperena, Josep Enseñat, ArturVinardell y Miquel Santaló.


Existe un libro fundamental para estudiar esta publicación, Carles Rahola, Reculld’articles a L’Autonomista (1900-1938), a cura de Rosa Maria Oliveras i Castanyer, LídiaTraveria i Riba, en Memoria del Segle XX, editado en colaboración con la Diputació de Girona por CossetàniaEdicions, en 2007. Carles Rahola es un personaje fundamental en la historia contemporánea de Girona, ejecutado por el franquismo, precisamente por sus artículos en el periódico. Para profundizar en su figura, además de la obra citada, en el año 2012 se publicó una antología de sus escritos a cargo de Xavier Carmaniu-Mainadé. También es muy importante la consulta del libro de Lluís Costa, El Autonomista: el diari dels Rahola. Els orígens del periodisme a Girona (1898-1939), editado por el Col.legi de Periodistes de Catalunya en el año 2000.

Eduardo Montagut

miércoles, 27 de enero de 2016

El posibilismo de Castelar

Emilio Castelar fue uno de los máximos representantes del republicanismo moderado o conservador, como lo demostraría en su etapa como último presidente de la Primera República. En este trabajo nos detendremos en la fase última de su carrera política, una vez restaurada la Monarquía en la figura de Alfonso XII.
Cuando se produjo la Restauración, Castelar se encontraba de viaje y decidió permanecer en París. De esta etapa es su obra Un año en París (1875). Cuando regresó a España ingresó en la Real Academia Española y en la Real Academia de la Historia. Y decidió también regresar a la política activa, ya que fue elegido diputado por Barcelona en las primeras Cortes de la Restauración. En el Congreso de los Diputados lideró la opción del posibilismo republicano, es decir, la postura de aquellos republicanos, generalmente los más moderados o conservadores, que pretendía colaborar con el nuevo régimen, no cuestionando su carácter monárquico, para democratizarlo. Para ello creó el Partido Democrático Posibilista en el año 1876. El órgano de prensa de la formación era el periódico madrileño “El Pueblo Español”. Castelar defendió con su habitual fuerza verbal el establecimiento del sufragio universal, la libertad de cultos y el servicio militar obligatorio en las Cortes. El Partido tuvo cierta implantación en Cataluña con Eusebi Corominas i Cornell y Eusebi Pascual i Casas. Ambos fundarían en 1878 el diario “La Publicidad”. Corominas comenzó militando realmente en el republicanismo federalista pero en la Restauración se inclinó hacia las posiciones de Castelar. Posteriormente estaría en Solidaridad Catalana, y fue diputado en varias legislaturas en el Congreso por Girona, además de alcalde accidental de Barcelona. En Mallorca destacaría Joaquim Fiol i Pujol, director de “La Opinión” y de “El Iris del Pueblo”, periódico fundamental del republicanismo balear, primero en la línea federal y luego en la posibilista. Fiol había sido amigo de Castelar y fue uno de los protagonistas de la Revolución de 1868 en las Islas Baleares, siendo elegido diputado en dos ocasiones. En la Restauración, ya en las filas del Partido Demócrata Posibilista, volvería a ser elegido diputado.
La opción política e ideológica posibilista terminaría desembarcando en el Partido Liberal. Cuando los liberales dominaron el poder ejecutivo en tiempos de la Regencia de María Cristina, Castelar y sus partidarios consideraron que el programa político de Sagasta recogía gran parte de sus demandas, como la Ley del jurado y el sufragio universal, aunque, como es bien sabido, no evitaría las consecuencias del caciquismo, no consiguiendo democratizar el sistema político. Castelar decidió retirarse de la vida política y recomendó a los suyos que ingresaran en la formación política liberal hacia 1893. En todo caso, aunque retirado, criticó con fuerza la actuación de los gobiernos españoles en la crisis de 1898. Al año siguiente moriría en San Pedro del Pinatar.
Eduardo Montagut



viernes, 15 de enero de 2016

El republicanismo en la Restauración

Duramente reprimidos en los inicios de la Restauración, los republicanos tardaron en recuperarse del fracaso de la Primera República. Los factores que explican los problemas para poder articular una clara alternativa política cuando cedió la represión canovista tienen que ver con la división interna en grupos y tendencias, muy vinculados a determinados líderes y personajes, y organizados en comités para la época de las elecciones. En realidad, esto no les separaba mucho de la forma organizativa de los partidos dinásticos o monárquicos, pero no tenían el apoyo del sistema del turnismo diseñado por Cánovas, y eran víctimas del fraude electoral sobre el que se levantaba el edificio institucional de la Restauración. Aún así, los principales líderes republicanos consiguieron siempre un cierto apoyo electoral, en el ámbito urbano, que les permitió entrar en las Cortes. 

Otro factor muy importante a tener en cuenta a la hora de entender los problemas del republicanismo español en el último tercio del siglo XIX tiene que ver con la pérdida de dos importantes bases sociales: la obrera y la de parte de la burguesía más activa. El movimiento obrero terminó por divorciarse de la causa estrictamente republicana para abrazar el anarquismo o el socialismo. Las burguesías periféricas, muy implicadas políticamente, encontraron otro cauce de expresión en los partidos regionalistas o nacionalistas. El caso catalán fue paradigmático, aunque el republicanismo siguió teniendo peso en Barcelona.

Cuando se aprobó el sufragio universal los republicanos comenzaron a tener más respaldo electoral. En los años noventa consiguieron aumentar su representación parlamentaria, en torno a una veintena de escaños como media en cada legislatura. En el ámbito urbano comenzaron a contar con más apoyo social. En 1892 consiguieron un sonado éxito electoral en las elecciones municipales, especialmente en Madrid y en otras capitales de provincia.

En el seno del republicanismo español del último cuarto del siglo XIX se pueden establecer tres grandes corrientes. En primer lugar, estarían los federalistas, liderados por Pi i Margall. Además de por su apuesta federal para organizar el Estado se inclinaron hacia posturas socializantes y hallaron cierto eco en sectores populares de Cataluña y Valencia. Se organizaron en el Partido Republicano Federal, y fueron muy activos a través de la prensa y las publicaciones. Los federalistas no colaboraron nunca con el nuevo sistema político pero renunciaron al empleo de métodos violentos o conspirativos.

Los unionistas estaban liderados por Nicolás Salmerón, que regresó a España con la amnistía de 1881. Salmerón salió elegido diputado en 1883, y luego de forma ininterrumpida entre 1893 y 1907. Los unionistas formaron el Partido Centralista (1891). Eran partidarios de la unidad territorial y política del Estado, y su base social se encontraba entre la burguesía ilustrada y progresista.

Los radicales crearon el Partido Republicano Progresista, dirigido desde el exilio por Manuel Ruiz Zorrilla, destacado político de la época de Amadeo de Saboya. Eran partidarios de la insurrección y protagonizaron algunas hasta la muerte de su líder en 1895. En realidad, terminaron por no tener mucha implantación social. 

Por fin, habría que citar a los posibilistas, cuyo principal líder era Emilio Castelar. El último presidente de la Primera República había formado un partido republicano conservador, en línea con sus ideas y con la política que había protagonizado. Castelar quería participar en el nuevo sistema político, de ahí su posibilismo. Cuando se dieron las condiciones para hacerlo, es decir, cuando Sagasta aprobó el sufragio universal y la ley del jurado, decidió disolver el partido, y muchos de sus miembros aterrizaron en el Partido Liberal. 


La división del republicanismo se intentó superar en el inicio del nuevo siglo con la creación de la Unión Republicana. Ya en 1893 y en 1900 se habían dado alianzas electorales que reportaron éxitos. Los republicanos pretendían terminar con los enfrentamientos y el atomismo para poder presentar una clara alternativa. Nicolás Salmerón y Alejandro Lerroux fueron sus impulsores. El programa de la UR pasaba por recuperar la Constitución de 1869 en lo relativo a los derechos y organización de la administración, pero bajo la fórmula republicana y no monárquica. Habría que cambiar el sistema político con una convocatoria a Cortes Constituyentes. La UR fue un éxito en el sentido de unir a las tendencias republicanas, aunque con el Partido Republicano Federal solamente se alcanzó una alianza electoral. La UR obtuvo un gran resultado electoral en 1905 al conseguir treinta escaños del Congreso, gracias a su implantación en Madrid, Barcelona y Valencia.

Eduardo Montagut

jueves, 14 de enero de 2016

Manuel Azaña: del reformismo al republicanismo

En este artículo pretendemos acercarnos al primer Azaña político que se desarrolló en paralelo a su intensísima actividad intelectual, y que comienza a ser activo en el reformismo en la segunda década del siglo XX y culmina con su viaje hacia el republicanismo a mediados de los años veinte. Este compromiso se sustentaría solidamente en un conjunto de ideas que fue formulando y defendiendo desde comienzos del siglo XIX.

Las intensas preocupaciones intelectuales de Azaña le llevaron, sin lugar a dudas, hacia la política. En su tesis doctoral sobre la responsabilidad de las multitudes, presentada en 1900, realizó una defensa del derecho de las mismas a alzar la voz para reclamar, ya que, solía basarse en algo que en justicia se le debía, un aspecto harto interesante en el momento en el que las masas comenzaban a reclamar un lugar en el sistema político liberal, además de las crecientes reivindicaciones obreras. 

Azaña pertenecía al Ateneo desde 1900. En la institución se destacó en varias ocasiones por enfrentarse a la Generación del 98 y al regeneracionismo, criticando la inoperancia de ambos al no comprometerse clara y firmemente con los cambios políticos que necesitaba España. Posteriormente, insistiría en esta crítica en unos artículos de “La Correspondencia de España”. Azaña estaba defendiendo que había que actuar, que no bastaba con el ejercicio intelectual.Dos años después disertó sobre la libertad de asociación en la Academia de Jurisprudencia, en la que ya planteó la necesidad de que el Estado regulase las órdenes y congregaciones religiosas, respetando siempre el derecho a la libertad de enseñanza. Pero, además, Azaña se destacó en esta institución por debatir sobre la legitimidad de los sistemas políticos, defendiendo que solamente lo eran si contaban con un alto grado aceptación. 

Azaña defendió profundos principios democráticos como el sufragio universal, la soberanía nacional, algo que, en realidad no existía en su época, ya que la Constitución de 1876 consagraba la compartida entre la Corona y la Nación, las instituciones verdaderamente representativas, la libertad de mercado y el derecho de asociación de los obreros. Precisamente, esta idea entroncaría con la parte más social de su ya creciente compromiso político. Nos referimos a sus relaciones con los socialistas de Alcalá de Henares en aquella época y luego en 1911 cuando dio una conferencia titulada El problema español en la Casa del Pueblo, y donde intentaba vincular o articular la cultura con la política. Sin negar que la educación era importante, Azaña quería una reforma profunda del Estado para que fuera realmente democrático, requisito imprescindible para entroncar con Europa. Esto solamente se podía hacer si los ciudadanos actuaban, conscientes de sus derechos pero, sobre todo, de sus deberes, frente a los poderes sociales que controlaban o mediatizaban a España. Sin lugar a dudas, todas estas ideas y actuaciones de Azaña planteaban claramente la imperiosa necesidad de transformar un ya obsoleto Estado liberal en otro plenamente democrático. Azaña, fiel y consecuente con lo que defendía, daría el salto a la política, a la actuación práctica. Eso llegaría dos años después, en 1913.

Efectivamente, el año 1913 fue clave en la vida de Azaña. Por un lado, fue elegido secretario del Ateneo de Madrid en una candidatura que presidía Romanones, un cargo en el que estaría hasta 1920. Pero en ese año, sobre todo, es fundamental su ingreso en la política al entrar a formar parte del Partido Reformista de Melquíades Álvarez, fundado el año anterior. El nuevo partido político nació como una formación con vocación ideológica democrática, laica y gradualista. Agrupaba a republicanos que no estaban adscritos a ningún partido concreto, profesionales liberales, muchos de ellos ligados a la Institución Libre de Enseñanza y al krausismo. Las ideas del reformismo se manifestaron en la revista España. En 1913 se publicó el “Prospecto de la Liga de la Educación Política de España”, manifiesto impulsado entre otros por Ortega y Gasset y Azaña, a favor de crear una élite que fomentase el avance del verdadero liberalismo y la democracia. Era, en realidad, un texto que apoyaba el programa del Partido Reformista.

Ya dentro del Partido Reformista Azaña hizo un discurso en el mes de diciembre de 1913 en el que reafirmó sus ideas sobre la democracia parlamentaria, el laicismo, la importancia de emprender activas políticas sociales y culturales y la necesidad de combatir el caciquismo. Azaña quiso presentarse por Alcalá en las elecciones de 1914, pero al final desistió. En ese momento estalló la Gran Guerra y Azaña se posicionó claramente a favor de la causa aliadófila, entrando en las intensas polémicas que se generaron en España. Pero lo más interesante de esta polémica es que sirvió a Azaña para seguir reafirmando sus ideas. La resistencia francesa ante el casi arrollador avance alemán estaría vinculada, según su opinión, a que el patriotismo estaba estrechamente relacionado con la virtud cívica. Visitó los frentes de guerra en Francia, y posteriormente, en Italia. En la Primera Guerra Mundial comenzó su interés por los temas militares, de tan hondas repercusiones posteriores e inmediatas, porque le sirvió para dictar una serie de conferencias en el Ateneo y preparar un proyecto de publicaciones al respecto, además de ser encargado por el Partido Reformista para la elaboración del programa de reforma militar en España. 

Azaña no tuvo éxito electoral con el Partido Reformista. En 1918 fracasó en su pretensión de salir diputado por el distrito electoral de Puente del Arzobispo. Anteriormente, había desistido de presentarse por su localidad natal, Alcalá de Henares. Tampoco consiguió ser elegido en 1923, en una elección especialmente conflictiva.

La llegada de la Dictadura de Primo de Rivera supuso una crisis política personal para Azaña porque desencadenaría su salida del Partido Reformista. El reformismo había terminado aceptando muy pronto a la Monarquía, a la que había que democratizar según el programa de la formación, de ahí el posibilismo del partido. Pero en el momento en que Alfonso XIII había aceptado el golpe de Estado había deslegitimado la Monarquía al vulnerar los principios constitucionales. Era imposible seguir apoyando su existencia. Manuel Azaña pensó que no podía seguir estando dentro de las filas del reformismo por su defensa de una institución no legítima y porque no había advertido esta deriva. Por fin, consideró que la Dictadura no era una solución ante el fracaso del sistema de la Restauración. Nunca creyó en la necesidad del cirujano de hierro, que venían defendiendo algunos intelectuales del regeneracionismo y de la Generación del 98. Azaña siempre fue fiel a sus profundas convicciones democráticas. En ese momento comenzaba la andadura fundamental de su vida política, la del republicanismo. La democracia quedó identificada en su pensamiento y acción política con la República.

Cuando Azaña decidió dar el paso hacia el republicanismo se lanzó a promover la instauración de la República con su habitual energía. Azaña elaboró en 1924 su conocido manifiesto titulado Apelación a la República, que le costó distribuir, habida cuenta de la censura en la Dictadura y porque no encontró la colaboración que esperaba de amigos y allegados. Este texto es fundamental en la biografía de nuestro protagonista y en la historia del republicanismo español. Azaña identificó la Monarquía con el viejo absolutismo y dejó claro que la democracia solamente llegaría a España de la mano de la República. Para que cristalizara el nuevo régimen era necesario el concurso de todos, de distintas fuerzas y organizaciones, que deberían respetar no sólo la idea republicana sino el principio liberal y democrático del reconocimiento de los derechos del individuo en el marco de la nación. Azaña quería que la burguesía y el proletariado españoles se unieran en este empeño. Por eso intento siempre confluir con los socialistas, pero dentro de la familia socialista había distintas posturas y durante los años veinte se generó un intenso debate al respecto en su seno, y que tuvo relación, a su vez, con la posible colaboración con la Dictadura de Primo de Rivera. Pero tampoco consiguió muchos apoyos de políticos y fuerzas más afines. 

Azaña pensó, ante el poder de la Dictadura y la falta de apoyos, ponerse a trabajar de forma clandestina para traer la República. En este sentido, fue fundamental la tertulia que se organizó en el laboratorio de José Giral en pleno centro de Madrid. Redactó un segundo manifiesto en 1925 en la línea ideológica de la Apelación, pero que supuso el germen de una nueva formación política, primero como Grupo de Acción Republicana, y luego ya claramente como Acción Republicana. Azaña quería remozar el republicanismo, y ser el punto de unión, más que un partido clásico, de todo el republicanismo, superando el pasado de divisiones internas en el seno del mismo. Ahí estaría el germen de la inmediata Alianza Republicana.

Eduardo Montagut

sábado, 2 de enero de 2016

Miguel Maura y el republicanismo conservador

En este artículo glosaremos la vida de un personaje muy importante en el pequeño pero activo universo del republicanismo español conservador democrático, hijo de un prohombre del conservadurismo español como fue Antonio Maura. Estamos aludiendo a Miguel Maura.

Miguel Maura Gamazo nació en Madrid el 13 de diciembre de 1887, siendo el séptimo hijo de Antonio Maura, personaje clave en el reinado de Alfonso XIII, y de Constancia Gamazo, hermana de otro personaje fundamental en la política española de la época de la Restauración, Germán Gamazo. 

Nuestro protagonista comenzó en política en el seno del Partido Conservador en 1913. Fue elegido diputado maurista en el año 1916 por Alicante. El maurismo supuso una variante del conservadurismo, una puesta al día del mismo en el siglo XX frente al viejo conservadurismo que había representado Cánovas del Castillo. Tenía mucho de regeneracionismo, de reformismo con tintes sociales, aunque un tanto paternalista. Fue precisamente en 1913 cuando gran parte de las juventudes conservadoras se solidarizaron con Antonio Maura frente a Eduardo Dato. El maurismo, por otro lado, ponía de relieve la crisis del Partido Conservador, problema que también sufría el Partido Liberal. El maurismo fue una apuesta fallida por transformar un viejo Partido de cuadros, de élites, en otro más moderno, propio del siglo XX, aunque sería cantera de muchos políticos posteriores.


Aunque Miguel Maura comenzó por contemporizar con la Dictadura de Primo de Rivera ante el evidente fracaso del sistema político de la Restauración terminó por desplazarse hacia el republicanismo, opción que no compartían sus hermanos. Recordemos que uno de ellos fue el político e historiador duque de Maura, nombrado ministro en el último gobierno de Alfonso XIII. Además, la mayor parte de los mauristas sí apoyaron claramente la Dictadura y optaron por posiciones mucho más a la derecha. En este sentido basta con recordar a José Calvo Sotelo.

En 1930 se involucró en la coalición republicana y, tras los sucesos de Jaca, fue detenido. Creó una pequeña formación republicana pero que, muy pronto, se fusionó con la Derecha Liberal Republicana de Niceto Alcalá-Zamora. Miguel Maura fue un personaje muy activo en la época de la llegada de la República, participando en el Pacto de San Sebastián. El personaje representaba, junto con Alcalá-Zamora, la postura conservadora española legalista y defensora de las instituciones, que quedó sepultada por las otras derechas y que fracasó como alternativa democrática. Maura quiso que esa derecha participara activamente en la República, defendiendo sus posturas e ideas, intentando obtener el poder pero no para desvirtuar el sistema para crear otro nuevo, lo que le enfrentó a la derecha no democrática y, también a la CEDA y a Gil-Robles por su extremismo. Tampoco comulgó con el Partido Radical de Lerroux, quizás por la trayectoria política de este político, sintiéndose muy lejos de su populismo.

Maura participó en el primer gobierno de la República y en la intensa etapa constitucional. Ferviente católico, pero no ultramontano, terminó por enfrentarse al anticlericalismo de la izquierda en el gobierno, lo que hizo que dimitiera. Maura intentó convencer a sus colegas del gobierno sobre la necesidad de que se reconociera el catolicismo en España por su arraigo y que era necesario buscar alguna fórmula de entendimiento con la Iglesia. En agosto de 1931, la Derecha Liberal Republicana cambió su nombre por el de Partido Republicano Progresista. En enero de 1932, el ala derecha de la formación, liderada por Maura, se escindió, creando el Partido Republicano Conservador. Pero Maura fracasó en las elecciones de 1933, ya que solamente obtuvo 17 escaños, frente a la fuerza de la CEDA. 

Durante el bienio radical-cedista se caracterizó por intentar rebajar la tensión parlamentaria entre la derecha y la izquierda. En 1935, el presidente de la República pensó en él para dirigir un gobierno pero la derecha no le apoyó porque Maura quería aprobar una amnistía para los involucrados en la Revolución de Octubre, dentro de su línea de buscar consensos.

En las elecciones de febrero de 1936 su formación solamente se consiguió 3 escaños. El partido participó en la elección a compromisarios para elegir al presidente de la República, única formación conservadora, junto con la Lliga Catalana, que no boicoteó el proceso. En el mes de junio publicó unos artículos en El Sol, que generaron no poca polémica. En ellos abogaba por la instauración de una dictadura nacional republicana, un régimen transitorio para restablecer el orden frente a la radicalización general que se vivía en la primavera. Quería que se enfrentase a los sectores más radicales de la derecha y la izquierda para salvar a la República. Al parecer, cuando estalló la guerra el propio Azaña quiso nombrarle para que se formase un gobierno de unidad nacional para enfrentarse a la situación. Pero él exigía poder establecer ese régimen transitorio. Aunque los sectores menos radicales de un lado y de otro no veían, en principio, con malos ojos a Maura el resto de los republicanos y los sectores a la izquierda del PSOE se negaron en rotundo a aceptar esta solución.

El PRC desapareció en la guerra. Maura estuvo al margen del conflicto, se exilió y regresó a España en los años cincuenta de forma discreta y nunca colaboró con el franquismo. Murió en el año 1971 en Zaragoza.

Miguel Maura escribió un libro muy importante, ya obra clásica, para entender el intenso período histórico que determinó la llegada de la República y que lleva por título, Así cayó Alfonso XIII. La obra vio la luz en México en 1962, aunque no pudo publicarse en España hasta 1966, con la censura pertinente. La primera edición libre de censuras es del año 1981. En el año 2007, su nieto y profesor, Joaquín Romero Maura, sacó una nueva edición con un prólogo de su autoría y con textos de su abuelo hasta la llegada de Franco.


Eduardo Montagut

jueves, 31 de diciembre de 2015

Niceto Alcalá-Zamora y Torres

Niceto Alcalá-Zamora nació en 1877 en Priego, provincia de Córdoba. Con 17 años se licenció en Derecho, demostrando su gran capacidad intelectual. Pocos años después era letrado del Consejo de Estado, toda una proeza. Brilló en su carrera de abogado, pero muy pronto demostró su vocación política y se decantó por el Partido Liberal. En 1905 fue elegido diputado por La Carolina. Fue director de Administración Local y subsecretario del Ministerio de la Gobernación. Estuvo en los prolegómenos y discusiones sobre la ley de Mancomunidades, proyecto de Canalejas para reformar en parte el centralismo del Estado liberal español, a la que se acogerían después las diputaciones provinciales catalanas para formar la Mancomunitat de Catalunya.
Alcalá-Zamora estuvo en la órbita del conde de Romanones pero terminó en la de Manuel García Prieto con su Partido Liberal Democrático. En 1917 fue nombrado ministro de Fomento en un gobierno presidido por García Prieto. También fue ministro de la Guerra en un gobierno de concentración liberal, que presidió el mismo García Prieto.
La Dictadura de Primo de Rivera provocó en Alcalá-Zamora una evidente evolución política, especialmente en lo referente a la forma de Estado, ya que abandonó su vocación monárquica por la republicana. El día 13 de abril de 1930, justo un año antes de proclamarse la República y estando ya gobernando Dámaso Berenguer, pronunció un capital discurso en el teatro Apolo de Valencia en el que reivindicó la instauración de una República, siguiendo el modelo de la III República francesa. Este discurso tuvo una gran repercusión en algunos ámbitos de la burguesía española, ya que les inclinó hacia la solución republicana en clave moderada, pero rompiendo con la tradicional y casi monolítica adhesión de esta clase hacia la Monarquía.
En ese mismo año de 1930 formó un partido, la Derecha Liberal Republicana que, inmediatamente, se fusionó con la nueva formación republicana de Miguel Maura, otro de los principales defensores del republicanismo moderado, y que también había evolucionado políticamente (recordemos que era hijo de Antonio Maura), habida cuenta del desprestigio en el que había caído la causa monárquica por su vinculación con una dictadura que había terminado con el régimen parlamentario. El nuevo partido estuvo presente en la formación y firma del Pacto de San Sebastián en agosto de 1930. En el Pacto salió el comité encargado de promocionar la acción republicana en España. Alcalá-Zamora fue elegido su presidente.
El 12 de diciembre se produjo la sublevación de Jaca y del Aeródromo de Cuatro Vientos en las afueras de Madrid, y que fracasaron. Alcalá-Zamora fue uno de los detenidos por el gobierno por la implicación del comité en la insurrección republicana. Los encausados fueron juzgados en marzo de 1931, siendo condenados a seis meses de cárcel y un día, aunque se les concedió la libertad condicional.
Los hechos del 12, 13 y 14 de abril hicieron que de forma pacífica se instaurase la República. Alcalá-Zamora pasó de dirigir el comité republicano a presidir el nuevo gobierno provisional y ejercer de jefe de Estado hasta la aprobación de una Constitución. Dos decretos del 15 de abril así lo estipulaban, junto con el Estatuto del nuevo gobierno.
Alcalá-Zamora presidía un gobierno con miembros muy distintos y de tendencias diversas: republicanos de izquierda, republicanos moderados y socialistas. Su mayor problema se planteó cuando se dio la discusión parlamentaria sobre el encaje de la Iglesia Católica en el nuevo Estado en la Constitución. Su catolicismo chocó con la radical separación entre Iglesia y Estado que se planteó y terminó por aprobarse, como le ocurrió a Miguel Maura. Ambos terminarían por dimitir el 14 de octubre de 1931. Azaña se hizo cargo de la presidencia del gobierno.
Alcalá-Zamora parecía proclive a emprender una campaña revisionista. Pero los republicanos de izquierda y los socialistas reaccionaron con prontitud, temerosos de que el principal líder del único sector moderado proclive a la República hiciera campaña contra el nuevo régimen y optaron por atraerle de nuevo ofreciéndole la presidencia de la República. Fue el único candidato. El día 11 de diciembre de 1931 juró el cargo.
El nuevo presidente de la República quiso siempre intervenir en todos los asuntos políticos para frenar o compensar las decisiones que tomaba el gobierno del primer bienio, claramente de izquierdas, es decir, frente a Azaña y los socialistas. Alcalá-Zamora tenía un cierto talante autoritario y estaba convencido de su papel institucional. Se negó a firmar la Ley de Congregaciones por la que se secularizaba la enseñanza, y la Ley del Tribunal de Garantías Constitucionales, pero no se atrevió a dar el paso del veto y terminó cediendo. Las tensiones con Azaña terminaron por agudizarse, especialmente en el año 1933.
Cuando, finalmente, Azaña dimitió en septiembre de 1933, Alcalá-Zamora convocó elecciones generales. La nueva etapa política, dominada por los radicales de Alejandro Lerroux y la CEDA de José María Gil-Robles tampoco fue fácil para el presidente de la República, ya que desconfiaba de la derecha representada por el segundo porque, a pesar del declarado posibilismo de su líder, no había jurado lealtad a la República. Si Alcalá-Zamora no se sentía a gusto con la izquierda por su propia ideología tampoco estaba en su medio con las nuevas derechas y sus tendencias totalitarias, porque a pesar de su talante intervencionista siempre fue muy respetuoso con las reglas del juego democrático y parlamentario.
El fin de la carrera política de Alcalá-Zamora comenzó, precisamente, con el triunfo del Frente Popular, ya que se abrió un debate en las nuevas Cortes sobre la supuesta inconstitucionalidad de la última disolución de las mismas por parte del presidente de la República. La Constitución le facultaba para disolver las Cortes dos veces, aunque la segunda debía ser sometida al enjuiciamiento de la Cámara. Si una mayoría de la misma consideraba que había sido ilegítima, el presidente podía ser destituido. Y eso es lo que ocurrió. El día 7 de abril de 1936 se produjo la votación. Un grupo muy amplio de diputados se ausentó pero los que criticaban al presidente consiguieron la mayoría absoluta necesaria. Alcalá-Zamora se resistió pero, siempre fiel al final a las reglas, abandonó y admitió el cese.
Alcalá-Zamora estaba viajando por Noruega cuando se produjo el golpe del 18 de julio. Decidió no regresar a España cuando supo que unos milicianos habían saqueado su domicilio. Pasó a residir en Francia. Con la entrada de los alemanes en Francia emprendió la huida sufriendo no pocas penalidades, temeroso de que le detuvieran los nazis o los colaboracionistas de Vichy. Pudo llegar a la Argentina en enero de 1942 donde vivió de sus publicaciones. Murió en 1949 en Buenos Aires. Sus restos mortales fueron repatriados en 1979.

Eduardo Montagut

domingo, 13 de diciembre de 2015

El republicanismo catalán en vísperas de la Segunda República

En este artículo estudiamos la evolución de los partidos republicanos en Cataluña en vísperas de la proclamación de la Segunda República, un proceso complejo, pero que nos de muestra una gran riqueza organizativa, así como un activo ejercicio político.

En este período había cuatro formaciones republicanas en Cataluña. En primer lugar, estaba el Partit Republicà Català, fundado en 1917 por la fusión del Bloc Republicà Autonomista de Francesc Layret, Marcelino Domingo, G. Alomar, A. Samblancat, R. Noguer con la Joventut Republicana de Lleida de Alfred Perenya y de HumbertTorres. En la nueva formación se integró la mayoría de las entidades de la UFNR, antiguos miembros del Partido Reformista -Lluís Companys, Bernaldo de Quirós-, y el núcleo federal ampurdanés de August Pi i Sunyer. El secretario general del Partit sería el abogado Ramon Noguer i Comet. El programa de este partido recogía parte del programa federal de Pi i Margall de 1894, el laicismo y un reformismo social de izquierdas. 

Hasta 1920 el Partit fue muy activo con conexiones con el obrerismo catalán pero manteniendo su ideario catalanista. En 1918, obtuvo representación parlamentaria formando parte de la Coalición de Izquierdas. Sus seis diputados: Domingo, Pi i Sunyer, Salvador Albert, Isidre Riu y Joan Esplugues se destacaron en la discusión del proyecto de autonomía de ese año. El radicalismo del grupo provocaría la primera ruptura al final de 1919 cuando Layret y Companys propusieron incorporar al partido a la III Internacional. Esta iniciativa derivó en que destacados militantes se desmarcasen, como Pi i Sunyer y Noguer i Comet. Pero la crisis del partido estuvo más relacionada con la represión. Lluís Companys fue deportado a Mahón y Francesc Layret fue asesinado a manos de pistoleros. En 1930, Companys conduce el partido hacia el grupo de “L’Opinió”, mientras que Marcelino Domingo opta por integrarse en el Partido Republicano Radical Socialista, de ámbito estatal.

En segundo lugar hay que hablar deAcció Catalana. Se trataba de un partido político fundado en Barcelona en junio de 1922 como resultado de la convocatoria de la Conferència Nacional Catalana por parte de la Joventut Nacionalista de la Lliga Regionalista. La formación tenía una ideología liberal y nacionalista crítica con el posibilismo de la Lliga. Quería aglutinar al catalanismo no separatista. Como principales dirigentes estarían Jaume Bofill i Mates, Lluís Nicolau d’Olwer, Antoni Rovira i Virgili, Ramond’Abadal, Manuel Raventós, Carles Jordà y Leandre Cervera. Durante la Dictadura de Primo de Rivera continuó actuando a través de sus órganos de expresión: el diario “La Publicitat” y la revista “Acció Catalana”. En 1928, un sector del partido, encabezado por Rovira i Virgili, Cervera y Macià se separó de la formación por la indefinición acerca del republicanismo. Así pues, los disidentes fundaron Acció Republicana de Catalunya. Al terminar la Dictadura, tanto la Acció Catalana como la Acció Republicana participaron en el Pacto de San Sebastián. Este hecho favoreció la aproximación de ambas formaciones, terminando por fusionarse en el Partit Catalanista Republicà que, en 1933, pasó a ser Acció Catalana Republicana.

Aún más a la izquierda y defendiendo posturas independentistas se encontraría Estat Català de Francesc Macià. Estat Català se creó el 18 de julio de 1922. Tenía su origen en la Federació Democràtica Nacionalista que el propio Macià había impulsado unos años antes. El objetivo principal de la nueva formación sería la proclamación de la República Catalana. Su órgano de expresión era “Estat Català”, donde Macià, Domènech Soler, Lluís Marsans, Daniel Cardona, Manuel Pagès y otros comenzaron a divulgar las ideas independentistas republicanas. Macià estaba convencido de la necesidad de colaborar con otras fuerzas políticas republicanas, por lo que intentó la fusión con el Partit Republicà Català en febrero de 1923 pero los miembros más radicales de Estat lo impidieron porque consideraban “españolistas” a Marcelino Domingo y a Lluís Companys, los principales dirigentes del Partit Republicà. 

Con la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, Macià tiene que exiliarse y se dedica a impulsar la solidaridad internacional con la causa republicana. Estat se integra en el Comitè Revolucionari de París en 1925. Al poco tiempo, Macià y su secretario, Carner i Ribalta, marchan a Moscú (otoño de 1925) para exponer a los miembros del Komintern y a Zinoviev los detalles de la insurrección que llevaría la revolución a Cataluña y a España. El fracaso del Comitè y de las gestiones en la URSS determinaron que Estat se embarcase en la invasión fallida de Prats de Mollò en noviembre de 1926. Macià decidió proseguir su periplo divulgador del catalanismo por el mundo. Con Ventura i Gassol participaron en una asamblea separatista en La Habana en octubre de 1928 y en la fundación del Partit Separatista Revolucionari de Catalunya. 

Poco a poco, el Estat tendería hacia una filosofía política más flexible, aunque no más moderada, y que facilitaría los contactos con los republicanos y anarcosindicalistas. Es el momento en el que Estat Català asimila ideas socialistas provenientes de la USC, como otras relacionadas con la propaganda por el hecho, de signo anarquista. En este sentido, el grupo disidente “Bandera Negra” organiza el complot del Garraf en junio de 1925. Se buscaba la destrucción de la Monarquía española, lo que explica estas relaciones, a pesar de ser, realmente, muy distintas entre sí y contradictorias. Se pretendía la revolución, de signo separatista, contra el Estado central y que terminaría por estallar en la propia España. Como consecuencia de este evidente posibilismo, Jaume Aiguader participará en la firma del Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930.

En el año 1930, estas formaciones políticas catalanas iniciaron contactos influidos por las expectativas que se habían abierto en España de cambio político, planteando contactos con el republicanismo estatal. En febrero de 1931, Acció Catalana y Acció Republicana de Catalunya se reunificaron en el Partit Catalanista Republicà. En marzo, Estat formaba con el Partit Catalanista Republicà, el Partit Republicà Català y el semanario nacionalista “L’Opinió”, la Esquerra Republicana de Catalunya. Sus principales dirigentes fueron Macià y Companys.

Eduardo Montagut